lunes, 31 de enero de 2022

José Antonio Pérez Álvarez, de Gijón

 

         

                             

                         Stalag VII-A de Moosburg (Baviera). Distribución de la comida


En la casa que habitaba su familia de la calle del Real (concejo de Gijón), nació el día 6 de diciembre de 1910 José Antonio Pérez Álvarez, fruto del matrimonio formado por Félix Pérez Nuñes de Madrid, y Oliva Álvarez Fernández de Gijón. Sus abuelos paternos Guillermo Pérez y Ángela Muñiz eran naturales de El Ferrol y de Madrid, respectivamente. Sus abuelos maternos Antonio Álvarez y Generosa Fernández eran naturales de los concejos de Pesoz y de Gijón.

Sabemos que vivió en Barcelona en la calle San Sadurní 10 (Gracia). Por ello es muy probable que en La Retirada pasase a Francia atravesando la frontera pirenaica, formando parte del éxodo de republicanos tras ocupar Cataluña las tropas franquistas.

En el país galo se alistó en la Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE) nº 66, formada en el campo de concentración francés de Septfonds, región 8eme. Esta compañía estuvo destinada en las localidades francesas de Cravant, Chemilly y Vincelles. A través de “Memoire des hommes”, sabemos también del alistamiento de Antonio Pérez en el Regimiento de Marcha Extranjero (Quinta región militar) reclutado en Perpignan.

Tras la invasión del ejército alemán sobre Francia en mayo de 1940, fue capturado y encarcelado en un campo de prisioneros de guerra ubicado al norte de Munich, capital del estado de Baviera; el stalag VII-A de Moosburg (Stammlager A en el distrito militar VII), con el número de prisionero 17886. Este stalag fue uno de los campos de prisioneros de guerra más grandes de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial llegando a contar con más de 150.000 prisioneros de guerra. Fueron distribuidos en destacamentos de trabajo forzado en la industria y la agricultura. El campo funcionaba bajo la dirección de la Wehrmacht, en gran medida en conformidad con los acuerdos internacionales (Convención de Ginebra). También sirvió como un campo de tránsito a través del cual los prisioneros, incluidos los oficiales, fueron procesados ​​en su camino a otros campos. En algún momento durante la guerra, prisioneros de todas las naciones que luchaban contra Alemania pasaron por Moosburg:

“Había franceses, polacos, moros, senegaleses, etc. Se le llamaba el campo de los «perros» pues los S.S. patrullaban por el mismo constantemente con perros policías especiales que atacaban, en donde veían algunos grupos, en los que se intercambiaban objetos unos a otro, o bien, hombres que se dedicaban a buscar las peladuras de patatas para comer. Era entonces cuando soltaban los perros, y si eras alcanzado por falta de tiempo para meterte en alguna barraca, te mordían dejándote semidestrozado.

En el mismo día que entramos en el campo, observamos todos nosotros atónitos como un perro de estos salvajes, acometía ferozmente a un moro que andaba camino de su barraca: el desgraciado quedó muerto, después debatirse inútilmente de las garras de aquella fiera. Un día y con orden urgente, nos hicieron formar para partir.

Como siempre confección de listas de transporte, anotando como algo extraordinario; nombres, apellidos y oficio, preguntas que nos llenaron de incertidumbre, puesto que había diferentes rumores, en los que se afirmaba que partiríamos hacia Austria (alrededores de Linz) para trabajar en un campo, cada uno en su oficio o profesión y que después de tres meses de prueba seríamos liberados y trasladados hacia España. Al fin, fuimos trasladados a la estación, esta vez más escrupulosamente guardados que de costumbre, haciéndonos entrar en vagones pestilentes, que servían o habían servido para traslado de animales porcunos.

Nos entregaron un pequeño trozo de pan con su correspondiente 60 a 75 gramos de salchicha, todo esto para 24 horas, teniendo que mantenernos con tan abundante comida durante dos días Por las rejillas de los vagones observábamos el paso de las estaciones, sin notar nada de anormal.

Al llegar a los alrededores de Linz, tuvimos la gran decepción al contemplar los trajes rayados que cubría miserablemente los hombres famélicos, que agotados marchaban obedeciendo a los cabos de vara que los conducían a trabajos forzados. Sus voces y sus gestos eran acompañados de duros y feroces golpes.

Nosotros, luchadores en pro de una justicia más humana, sancionamos desde aquel momento el criminal sistema nacional-socialista, entronizado por la mente de un monocéfalo que impuso el crimen, como sistema y método, para eliminación de todo lo que representase conciencia libre”.

 (Amadeo Sinca Vendrell: Lo que Dante no pudo imaginar:Mauthausen-Gusen 1940-1945. Producciones Editoriales, Barcelona 1980, pág. 69-87.)


La permanencia en el campo de prisioneros de Moosburg de nuestro compatriota Antonio Pérez fue de dos meses aproximadamente, la Gestapo identificó a los prisioneros españoles con el objetivo de separarlos de los demás como "combatientes de la España Roja" para ser deportados. Fue incluido en un convoy que partió de la estación de München (Munich) con destino a la deportación al campo de concentración austríaco de categoría III(de no retorno) de Mauthausen, donde arribó el día 31 de agosto de 1941. Este sería el último convoy del mes de agosto de 1941, con un centenar de hombres (108 según lista de la FDP francesa). Su ficha de registro de entrada en el campo refiere como profesión cocinero y proporciona como dirección de contacto en calidad de cónyuge a Madalena Torrente Gorrea, con dirección en la rue Toul 122, Haute G. de Toulouse. En Mauthausen al asturiano Antonio Pérez Álvarez le robaron su identidad, para convertirlo en el nº 4680.

El día 20 de octubre de 1941 fue incluido con el número de matrícula 14094, para ser transferido al campo anexo de Gusen dentro de un grupo de deportados. Habían pasado dos meses desde su entrada en el campo principal. Las condiciones de “vida” en este campo eran aún más crueles e inhumanas que en Mauthausen.Miles de republicanos españoles perecieron a causa de enfermedades como el tifus y la tuberculosis, de inanición extrema, de palizas y torturas, de asesinatos en baños fríos, de exterminación por gas, de extenuación por el trabajo forzado… En el invierno de 1942, con temperaturas de 25 a 29 grados bajo cero, se produjo la tasa más alta de mortalidad.

Antonio Pérez Álvarez pudo sobrevivir en Gusen hasta el 26 de febrero de 1942, día en que los nazis registran en la ficha del campo su fallecimiento a la 14h.Tenía 31 años.

 

Biografía escrita por Begoña Álvarez Cienfuegos

Investigación Grupo Deportados Asturias


Fuentes:

-   - Amadeo Sinca Vendrell : “Lo que Dante no pudo imaginar: Mauthausen-               Gusen 1940-1945” Producciones Editoriales Barcelona 1980. (p. 69-87)-

-    - Arolsen Archives

-    - Banco de la Memoria

-    - Cartas del exilio

-    -  Combatientes.es

-    - Fondation pour la Memoire de la Deportation

-    - Registro Civil de Gijón

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